Introducción

Cuándo algunos jóvenes tienen que recibir constantemente mimos y halagos por lo que hacen, estamos acostumbrándolos a vivir con una innovación continua. Esperan un cambio y crecimiento constantes. Y cuando se les crítica pueden coger un enfado.

Esa generación suele ser producto de padres y maestros bienintencionados que, movidos por el deseo de favorecer la autoestima de los jóvenes, les ofrecieron constantes y exagerados halagos (para fortalecer su ego) a la vez que evitaban hacerles cualquier tipo de crítica que podría dañar su frágil autoestima. Pero el resultado, la mayoría de las veces, es el contrario de lo que se buscaba: en lugar de convertirse en adultos con una elevada autoestima, los niños crecieron con una personalidad inmadura y malcriada.

El resultado es que necesitan que les estén dando ánimo constantemente y que no soportan la crítica. Lo que no es precisamente una buena receta para el éxito en los negocios, donde es fundamental la capacidad de asumir retos, ser persistente, y ser capaz de admitir y corregir los propios errores.

Las redes sociales han lanzado al salón de la fama de los halagos
El proceso en redes sociales es lógico: para identificarnos generamos constantemente pruebas de nuestra propia existencia. Una foto, un selfi, actualizar tu estado, compartir un texto viral, son las maneras netamente contemporáneas de demostrarle al mundo que existimos. “Publico una foto, ergo existo”. Por eso es importante actualizar.

Es la generación que se etiqueta en fotos en las que su apariencia es acorde con el catálogo publicitario que ha creado de sí mismo, y se quita la etiqueta de aquellas en la que no lo es.

El problema llega cuando tu autoimagen se valora solo en función de lo que digan sobre ti. Si, para sentirte bien esa mañana subes un selfi a tu cuenta de Instagram, según lo que recibes, puede que automáticamente aumente tu nivel de autoestima en sangre por encima del mínimo recomendado. Y si no recibes ninguno, comienzas a cavar el agujero de tu ego. El problema es que generamos halagos de forma masiva porque hemos entrado en esa espiral.

Piensa y responde:

  • ¿Cómo elogio a los niños y a los adultos que conozco?
  • ¿Enfoco mi reconocimiento en sus esfuerzos y progresos?
  • ¿Qué maestro he tenido que pueda ser tomados como ejemplo para llegar a una adultez seria y responsable?
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Ejercicio nº 40

Mi mejor maestro

Escribe sobre el mejor maestro que hayas tenido. Puede ser tu propio padre o madre, tu maestra de primaria, un profesor universitario que se haya preocupado por tu desarrollo profesional. ¿Qué tenía ese maestro que logro sacar lo mejor de ti?, ¿Qué te enseña tu actitud con relación a tu trato con las personas que te rodean?

Piensa ahora cómo eres como maestro en varios aspectos de tu vida ¿Cómo puedes aplicar las lecciones que aprendiste de aquel maestro en el trabajo, en tu hogar y en otras áreas de tu vida? Si has tenido más de un maestro puedes repetir el ejercicio y compararlo con el primero o entre ellos.

¿Qué parecidos hay y qué diferencias?, ¿Qué más puedes aprender sobre el arte de enseñar para aplicarlo después, cuando tengas que enseñar algo a otros?

Lista de agradecimientos

Continuamos con el ejercicio nº 1. Escribe las razones por las que estas agradecida.

Día 1: Estoy agradecido por…

Semana 40 – La generación del halago
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